Te
lo pongo en un bar...
Estaba yo sentado, como un don nadie cualquiera, con unos amigos a la mesa, tomando una cerveza para descargar un duro día. Manteníamos una acalorada conversación sobre la libertad de expresión y, en el calor de la conversación lance una serie de insultos y maldiciones, algunas con nombres propios de personajes lejanos, liberando endorfinas; produciéndome una tranquilidad que anulaban mis tensiones. Pero en la mesa de al lado no les gustó lo que dije y se metieron en nuestra conversación privada sin conocernos y pronto las otras mesas se unieron contra mi. Terminé linchado en la lámpara central de aquel bar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario